Desde hace cinco años, con la instalación del famoso Teatro del Lago, Frutillar se ha ido transformando de un balneario veraniego, a orillas del Lago Llanquihue, en un lugar para quedarse. Su mezcla, bastante única, de cultura, naturaleza y tranquilidad, lo han convertido hoy en un destino muy cotizado.

Son alrededor de las siete de la tarde y en la costanera de Frutillar un par de niños anda en bicicleta. Además del volcán Osorno, que a lo lejos y tapado por las nubes parece vigilarlos, ningún adulto los supervisa. Y cuál sería el sentido, si todos se conocen, el lugar es seguro y apenas pasan autos que puedan molestarlos en su juego. Vida de pueblo chico, piensa el santiaguino.

Pero Frutillar es más que “un pueblo chico” o un destino para las vacaciones. Desde hace algún tiempo se ha convertido en una alternativa para quedarse porque aunque es una comunidad pequeña y tranquila tiene una oferta poco común: un espacio cultural de primer nivel, un proyecto educativo que promete, naturaleza y la expectativa de un plan de desarrollo que apunta a la integración social y la sustentabilidad.

Hoy este pequeño pueblo, a 80 kilómetros de la capital de la Región de Los Lagos, se encuentra en un punto de inflexión. Las propiedades han subido de precio y cada vez llegan nuevos residentes desde Santiago, Valparaíso, Osorno, Valdivia, Puerto Montt y Chiloé. En su mayoría, parejas de profesionales jóvenes.

Bettina Paredes es relacionadora pública y dueña de la chocolatería Crambussa. Llegó desde Puerto Montt junto a su marido y su hija mayor el 23 de abril de 2005. Esa misma tarde salió a pasear a su perro y cuando volvió, le dijo a su familia “no nos vamos nunca más de acá”.

Emplazado en un terreno de 200 hectáreas (de las cuales 150 son de bosque nativo) una marina exclusiva, jardines diseñados por el famoso paisajista Juan Grimm y la primera cancha de golf en Chile con el diseño del icónico golfista Jack Nicklaus, el proyecto Patagonia Virgin de la familia Said, cuyos departamentos empiezan en las 7.860 UF, es un ejemplo claro del interés inmobiliario que ha concitado Frutillar. “Hemos podido constatar el interés de familias jóvenes, que buscan un lugar tranquilo y con un entorno natural privilegiado que les permita ver crecer a sus niños, especialmente ahora que Frutillar se ha consolidado como una atractiva alternativa para quienes viven entre Osorno y Puerto Montt, con servicios, colegios y una vida cultural potente”, dice Santiago Said, gerente general de Patagonia Virgin.

El factor Teatro del Lago

En el año 2010 se inauguró, en la costanera de Frutillar y sobre el Lago Llanquihue, donde antes había un hotel, el Teatro del Lago. El proyecto es la inversión más emblemática de la familia Schiess (del holding Transoceánica), está liderado por Nicola y Uli Bader-Schiess y es un intento ambicioso de descentralizar la oferta cultural en un lugar que ya era famoso por sus Semanas Musicales. Nicola sabe que el teatro le ha cambiado la cara a Frutillar y explica que hay numerosos casos como este en el mundo y que, por lo mismo, es una idea completamente replicable en otros lugares. “Hay un impacto no sólo económico. Nosotros vemos las artes como un vehículo para el desarrollo integral del ser humano y su calidad de vida. La gente se muda para acá porque ve esa oportunidad”, explica. Como dato, agrega que un estudio que encargaron a una consultora holandesa en 2012 determinó que, por cada peso invertido en el Teatro del Lago, el retorno social fue de un 200 por ciento.

Lo que hace tan especial al Teatro del Lago, explica la gerenta de operaciones Alejandra Flores (quien también “es una frutillarina adoptada”), es la integración de sus programas culturales con los proyectos educativos. “Aquí todo está fusionado. Para cada show, sin importar su envergadura, hay butacas educativas sin costo y los niños que participan en los talleres interactúan de igual a igual con los artistas invitados”. La idea, agrega, es incorporar el arte a la vida cotidiana de las personas. Hasta 2014, más de 86 mil niños y jóvenes habían participado en los programas educativos del teatro y 27 mil fueron becados.

“Es difícil encontrar a alguien en Frutillar que no cante, baile, o toque un instrumento… o por último sea espectador. Todos estamos involucrados”, dice Bettina, cuyas hijas bailan ballet desde los tres años. La Escuela de las Artes, que funciona en la famosa Casa Richter, una casa patrimonial que se encuentra en la costanera y fue restaurada por el Teatro del Lago, tiene cursos de ballet (acreditados por la Royal Academy of Dance de Inglaterra), violín, piano, canto, cómic y grabado, entre otros, para adultos y niños. Algunas personas viajan desde Valdivia o Chiloé para asistir, cuenta Nicola.

A esta iniciativa cultural se sumó el año pasado un colegio llamado Kopernikus, que aunque no pertenece al Teatro del Lago, está ligado con él. El proyecto educativo, que funciona bajo la metodología Jeneplan (creada en 1925 por Peter Petersen, profesor de la Universidad Friedrich-Schiller Jena, en Alemania), apunta a la agrupación diversa y heterogénea de niños dentro de una misma sala de clases y tiene un fuerte acento artístico. Por su enfoque alternativo, y frente a la saturación de colegios en Puerto Varas, el pequeño colegio que llega a quinto básico ha generado gran interés en la zona. De hecho, todos los padres entrevistados de este reportaje tienen a sus hijos allí.

Josefina Monje, directora regional la marca Just Swiss, se fue a vivir a Frutillar desde Puerto Montt hace un año y tiene al más pequeño de sus niños en este colegio. “Kopernikus ha sido una propuesta innovadora, con una mirada en la creatividad, en que los niños tengan autonomía, en la conexión con la naturaleza, y eso es esencial para crear un niño sano y feliz. Se agradece un colegio así, porque el sistema de educación chileno se quedó pegado”, dice. Su marido, que es médico, viaja a Puerto Montt a trabajar, pero ella agradece el cambio. “Es exquisito Frutillar y tener al lado el Teatro del Lago es simplemente un privilegio”.

La utopía del Plades

Eugenio Rengifo vivía en Valparaíso cuando le ofrecieron hacerse cargo del Plan de Desarrollo Sustentable (Plades) de Frutillar. La idea era conseguir que toda la comunidad definiera en conjunto el futuro del lugar desde el punto de vista social, urbano, económico y ambiental, intentando superar uno de los grandes escollos históricos: la separación entre Frutillar Alto (de menos recursos) y Bajo (donde viven las familias más acomodadas). “Me parecía un desafío demasiado bonito como para decir no”, explica.

El Plades está en plena ejecución. El Plan Maestro, desarrollado por los arquitectos Orlando Mingo y Eduardo Bresciani, se basó en los resultados de talleres, entrevistas y consultas ciudadanas en las que participaron casi tres mil personas. Las prioridades son la construcción de un nuevo terminal de buses y mercado rural, un centro deportivo y un Centro de Salud Familiar (Cesfam). La renovación de la Costanera es otro de los pilares para potenciar.

La artista Dominique Serrano (quien diseña botones artesanales para su empredimiento Bottom) vivía en Santiago cuando decidió irse a vivir a Puerto Varas junto a su marido, el artista Félix Lazo, y su hija Filippa. Desde allí llegó a Frutillar y hoy además es profesora de arte en el Kopernikus. Dice que le entusiasma ser parte del cambio que está viviendo el lugar, porque es lo opuesto a lo que sucedió con Puerto Varas, que sufrió un crecimiento descontrolado: “Si bien se nota mucho aún la disparidad entre Frutillar Alto y Bajo, hay una intención de hacer las cosas de forma distinta. Suena como a utopía, conseguir una real integración, pero todos deseamos que eso resulte y creo que el Teatro del Lago ha ayudado mucho. La gente comparte ese deseo y por eso se viene para acá”, explica. Mientras, tanto, su marido Félix Lazo, inauguró hace algunos meses Espacio Lucarna, un centro cultural dedicado al arte contemporáneo dentro del Museo Alemán.

En el Plades participa el municipio de Frutillar, el Teatro del Lago, Patagonia Virgin y la Fundación Mustakis. Esta última busca contribuir a que las personas descubran y desarrollen sus talentos, y para eso actualmente está liderando, junto a Plades y la municipalidad, un trabajo con los jóvenes de la parte alta a través de Circo Frutillar, talleres gratuitos que incluyen acrobacia de piso, malabarismo, trapecio, técnicas de clown entre otras actividades. Partieron con un piloto a comienzos de 2014 y tuvieron tanto éxito, que se convirtió en un programa en el que hoy participan 58 personas de entre seis a 40 años -en distintos grupos- que entrenan dos veces a la semana entre abril y noviembre. “La gracia del circo es que todos caben. Es un arte maravilloso y supercompleto que desarrolla diversas habilidades. Cada uno puede encontrar su lugar para aportar porque junto al trabajo físico y técnico, potencia el desarrollo integral por medio del compromiso, el trabajo en equipo, la perseverancia, el manejo de la frustración, el sentido del humor, la creatividad y la autoestima”, explica Josefina Hevia, jefa del programa.

A las capacitaciones han asistido a dar clases o charlas integrantes del Cirque du Soleil, entre otras figuras y el próximo fin de semana, dado el lugar que ha adquirido esta actividad en la comunidad, la Fundación Mustakis y el Teatro del Lago van a presentar Pan Pot de la compañía francesa Collectif Petit Travers, un número de circo contemporáneo.

“Somos ciudadanos superactivos de nuestra comuna”, resume Bettina, quien además es la presidenta de la Cámara de Comercio. “En otros lugares, donde está todo hecho y cada uno vive su mundo, no tienes esta posibilidad tan potente de aportar con tus conocimientos y experiencia”, afirma.

La actriz Bárbara Artaza conoció Frutillar junto a su pareja cuando fue a un matrimonio el año pasado, y desde ese momento comenzó a desarrollar un plan para irse a vivir allá. “Simplemente nos enamoramos del lugar, de la calidad de vida que tienen las personas de la región, la amabilidad de la gente y de la diferencia de los niños criados acá. Así que tomamos la decisión de venirnos sí o sí el 2015”, cuenta.

Vendieron su casa y todo lo que había en ella, mientras buscaban trabajo en la zona, cosa en la que ambos tuvieron suerte. Ella trabaja hoy como coordinadora del programa “¡Puedes Cantar!” del departamento de educación del Teatro del Lago. Ya llevan tres felices meses en Frutillar. “Ha sido la mejor decisión que pude haber tomado en la vida, no volvería a esa ciudad de cemento estresada y contaminada, que logra sacar lo peor de cada persona”, dice respecto a Santiago. “Yo diría que el sur es un lugar excelente para vivir, hay trabajo y es óptimo para emprender nuevos proyectos. Ya no todo está en Santiago. Se lo recomendaría a todas las personas que quieren vivir una nueva experiencia y hacer un cambio en sus vidas”.

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