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FRTUILLAR, UN SUEÑO PARA CHILE

Cada día son más los países que envían a sus artistas a las Semanas de Frutillar. Tocan y cantan junto a los músicos chilenos.


11 de febrero 2008

 

SArturo Yunge tuvo un sueño y lo hizo realidad 40 años atrás. Ahora ha ido creciendo y Frutillar, el pequeño pueblito frente al volcán Osorno, constituye uno de los hitos culturales más importantes del país.

Se unen allí la extraordinaria belleza del lugar y la grandeza de la música. Esta se escucha en las salas, los colegios, las calles, los restoranes, las casas particulares y los hoteles, así como en las riberas del Lago Llanquihue.

Hace un cuarto de siglo, cuando vivía en Oslo, invité a un amigo noruego para unas vacaciones en Zapallar y Frutillar. Al despedirse, feliz y agradecido me dijo: “¡Mil gracias por este lindo Chile que me has mostrado! Trataré de recordarlo sin pensar en el centro de Santiago”. ¡Tenía toda la razón! Quise que viera lo mejor y le mostré un país irreal.

Ahora Frutillar bajo no es sólo el balneario de nuestros chilenos alemanes de la región y de otros pocos privilegiados. El pueblo de Frutillar alto y de otros sitios rurales vecinos, baja en masa a las playas. Todos vienen en auto. Con abuelos, suegros y decenas de chiquillos. Comparado con el litoral central, su comportamiento es ejemplar. No he visto marihuaneros, ni borrachos, ni siquiera he escuchado groserías. Los viejos descansan en las playas mientras los jóvenes nadan, juegan volley-ball o “pichangas” o simplemente pololean. En alguna forma misteriosa la música parece cubrirlos a todos.

El teatro del lago sigue creciendo lentamente pero con fuerza. Será una espléndida construcción, “la más linda de Chile”, por todo lo que significa y encierra. La sala ya habilitada para los conciertos de cámara del mediodía, es sólo comparable por su ubicación, vista al volcán y al lago, con la famosa Opera de Sydney. Los programas de las tardes y las noches deben efectuarse todavía en el antiguo gimnasio. Con los años le hemos tomado cariño pero ha quedado estrecho, es incomodo y mal ventilado.

Cada día son más los países que envían a sus artistas a las Semanas de Frutillar. Este año lo hicieron Alemania, Austria, Canadá, Polonia, Letonia, Estados Unidos, Suiza, Argentina y Colombia. Tocan y cantan junto a los músicos chilenos en las mañanas, las tardes y las noches en concierto con programas y públicos diferentes.

Cuando Arturo Yunge murió, sembraron sus cenizas en el lago. No se disolvieron, sino que fructificaron y florecieron como la mejor de las semillas. Ahora son otros los nombres: Flora Inostroza, el Alcalde Ramón Espinoza, Mauricio Urrutia, la familia Schiess y muchos más. Hombres y mujeres que organizan la música y construyen las salas con afán, paciencia y perseverancia. También con la esperanza que el bicentenario llegue con el centro musical y cultural finiquitado, gracias al aporte de todos. Lo que resta por hacer es sólo lo material y está muy bien planeado y organizado. Lo importante es que el alma ya está instalada en el lago Llanquihue. Ahora falta que se extienda por todo el resto de Chile. Así podrá el país gozar de esta plenitud constituida por la felicidad y la alegría. Esta misma que proclama el coro de la Novena Sinfonía de Beethoven que acaba de cerrar Las Semanas Musicales.




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